En la niñez, un niño niñoñeaba, entre peñascos, peñascoñeando andaba. La niña ñoña, que lo observaba con calma, reía, niñeando mientras él se enredaba.
El ñandú corría, saltando sin parar, mientras la niñez ñoña quería atrapar. Pero la ñoñez, como el viento al soplar, se escapaba, dejando al niño sin hallar.
La ñeñez pasó, pero en su corazón, quedó la ñoñez de la niñez sin razón. Y aunque los años pasen, sin comprensión, siempre lleva consigo su ñoña canción.
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